TEORÍA DE LA ROTACIÓN DE LOS PLANETAS
Tycho Brahe no aceptó
de entrada el sistema de Copérnico, porque reflejaba la falta de
un auténtico conocimiento de las leyes del movimiento de los cuerpos, por parte
del astrónomo polaco. Copérnico pensó que podía explicar la
mayor parte del movimiento de los cuerpos celestes de forma sencilla, atribuyéndole
a la Tierra tan sólo dos movimientos, uno diario de rotación alrededor
de su eje, de 24 horas, y otro anual de traslación alrededor del
Sol, en 365 días.
Johan Kepler fue más
lejos. Explicó el movimiento de los planetas, situando al Sol en su justa
posición, y dotando a esos movimientos con las leyes que llevan su nombre.
Isaac Newton fue fundamental al exponer las bases de la física Universal. Todos los movimientos de los cuerpos celestes podían ser deducidos ahora sobre la base de la Ley de la Gravitación Universal, entendida como fuerza de atracción que de forma inversa se desarrollaba proporcional a los cuadrados de las distancias de unos cuerpos a otros o de unas masas a otras.
Rotación: hipótesis de la rotación de los cuerpos: teoría cosmogónica propuesta por Laplace para explicar el origen del sistema planetario a partir de una estrella gigante de pequeña densidad, dotada de un rápido movimiento de rotación; se dice que este movimiento es debido a la fuerza de inercia que lleva consigo el planeta desde su nacimiento y que habría experimentado una contracción paulatina, desprendiendo del Ecuador unas masas, que al contraerse habrían formado los planetas (por razones mecánicas se hace difícil hoy admitir esta teoría, por lo menos en su planteamiento original). Otros achacan el movimiento de rotación al desarrollo continuo de dos fuerzas contrapuestas, la fuerza centrifuga que lanza los objetos hacia fuera, y la fuerza centrípeta que atrae los objetos hacia dentro; esta diferencia de fuerzas es lo que produce la rotación de la Tierra.
Otras teorías, igualmente inconsistente, dice que el movimiento de rotación, se debe al desarrollo continuo de la caída de los cuerpos por el espacio, caída que los hace rodar, pero para que exista una caída tiene que existir un foco o un campo de fuerza de atracción (gravedad); de lo contrario los cuerpos no caen, sino que flotan. Otros dicen que el movimiento de rotación se debe a la luz y a la radiación del Sol, como si los fotones que transporta la luz tuviesen la suficiente fuerza para imprimir una velocidad constante a los diversos cuerpos que rodean al Sol, mientras estos flotaban en un inmenso mar de éter.
Ninguna de las teorías anteriormente expuestas explica este movimiento de una forma creíble, como podemos comprobar si las analizamos detenidamente.
DEFINICIÓN
DE LA
MECÁNICA QUE
PRODUCE LA ROTACIÓN DE LOS
PLANETAS.
El movimiento de rotación de los planetas se produce por el enfrentamiento de ondas electromagnéticas de la misma polaridad que generan los campos de gravedad de cada uno de los cuerpos; en nuestro caso el enfrentamiento se produce entre las ondas que genera el Sol y las que genera la Tierra, o lo que es igual, el enfrentamiento que se produce entre el campo de gravedad de la Tierra y parte del campo de gravedad del Sol. Entre ellos se establece una repulsión que es constante y proporcional a la intensidad del campo de gravedad del cuerpo que desarrolla la rotación.
El movimiento de rotación de la Tierra se desarrolla cuando tiene lugar el enfrentamiento de la magnetosfera de la Tierra con una parte de la heliomagnetosfera del Sol. Si observamos el punto 9 de la figura 20-3, comprobamos como en él se produce una fuerza o acción repulsiva entre las ondas electromagnéticas de la misma polaridad que genera el Sol y las que genera la Tierra (ver puntos 10 y 11 de la figura 20-1). Conforme se va desarrollando el giro de cada planeta, van cambiando los signos de polaridad en cada hemisferio. Después se enfrentan las partes marcadas con los números 12 y 13. De esta forma se enfrentan siempre ondas electromagnéticas de la misma polaridad, dando lugar a la repulsión, desarrollándose así el giro o movimiento de rotación de la Tierra. De igual forma se produce el movimiento de rotación en todos los planetas del Sistema Solar o de otros sistemas estelares.
La mecánica para todos los sistemas de
rotación es siempre la misma. Los campos de gravedad siempre
que se hallan activos, están en
movimiento, ya que son zonas tubulares de atracción y repulsión mutua
generadas por la gravedad que desarrolla cada cuerpo; es lo que conocemos como
magnetosferas.
Todas las magnetosferas de los planetas están dentro de la helio magnetosfera del Sol; conforme esta zona se mueve, las ondas de repulsión producen un empuje de todas y cada una de las magnetosferas de los planetas por sus respectivas órbitas (movimiento de rotación); al mismo tiempo la heliomagnetosfera produce el arrastre o empuje de todos los cuerpos que estén dentro de esta burbuja magnética o caigan dentro del campo de gravedad del Sol (movimiento de traslación).
Figura 20-1
Puntos
que definen las figuras 20-1 y 20-2
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1. - |
Sol |
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2. - |
Tierra |
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3. - |
Sentido de giro de rotación del Sol. |
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4. - |
Sentido de giro de rotación de la Tierra o del
planeta que desarrolla la rotación. |
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5. - |
Heliomagnetosfera (del Sol). Forma parte del campo
de gravedad del Sol. |
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6. - |
Magnetosfera (de la Tierra). Es el conjunto del
campo de gravedad de la Tierra. |
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7. - |
Zona polar de la Tierra, junto con el número 4. |
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8.- |
Zona polar del Sol, junto con el número 3. |
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9.- |
Punto de
enfrentamiento entre las ondas electromagnéticas del Sol y las de la
Tierra. Cuando las ondas electromagnéticas son de la misma polaridad (+
+) o (- -), se produce entre
ambas una repulsión que es siempre proporcional a la intensidad del
cuerpo que gira. |
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10. - |
Ondas electromagnéticas de doble polaridad del
Sol. Forman una parte del campo de gravedad del Sol. |
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11. - |
Ondas electromagnéticas de doble polaridad de la
Tierra. Forman el conjunto del campo de gravedad de la Tierra. |
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12. - |
Ondas electromagnéticas del Sol de polaridad
contraria a las del número 10. |
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13. - |
Ondas electromagnéticas de la Tierra de polaridad
contraria a las del número 11. |
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14. - |
Representa la Luna dentro del campo de gravedad de
la Tierra o su magnetosfera. |
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15. - |
Cabecera de una zona tubular o de un campo de
gravedad. (Magnetopausa). |
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En la figura siguiente figura 20 -2 mostramos cómo se produce la disminución de la magnetosfera a través de los grandes periodos de tiempo. Esto hace disminuir los periodos de rotación junto con la disminución de la intensidad gravitatoria de cada planeta. Los números señalan las distintas partes del enfrentamiento entre los dos campos de gravedad. Esto demuestra que la gravedad no es eterna, sino que disminuye a través del tiempo.
Figura
Figura 20 -2
En el punto 9, se enfrentan siempre ondas de la misma polaridad. Por este motivo se produce una repulsión que causa el giro de rotación del cuerpo secundario (cuerpo que gira); de esta forma siempre se produce una repulsión que es relativamente constante, primero al enfrentarse los signos de fuerza electromagnética (+ +) que hacen girar media esfera terrestre, y después por el enfrentamiento de los signos de polaridad contraria a la del otro hemisferio (-- ). Así se completa el movimiento de rotación de la Tierra o de cualquier planeta que desarrolla gravedad. Siempre que se enfrenten dos signos u ondas, en este caso de la misma polaridad, se produce entre ambas una repulsión que es constante y proporcional a la intensidad de la gravedad del cuerpo que gira.
De esta forma que se describe, se producen el día y la noche de forma alterna y consecutiva. Esto produce una vuelta completa de la magnetosfera o zona tubular del planeta que desarrolla la rotación. Para la Tierra este periodo es aproximadamente de 24 h., mientras que para otros planetas el periodo de rotación es distinto: más rápido si es mayor la intensidad de su gravedad, y más lento si la intensidad de su gravedad es más débil.
Un planeta solo en el espacio nunca podría desarrollar un movimiento de rotación, ya que se precisan dos ondas electromagnéticas de la misma polaridad (++) o (- -). De lo contrario, las ondas electromagnéticas de los planetas no encontrarían apoyo o acción para producir la repulsión o para desarrollar su propio giro, como mostramos en la figura 20-1. Antes de terminar, queremos dejar claro que los movimientos de rotación sólo se producen por el enfrentamiento de las ondas electromagnéticas de la misma polaridad, y que, para su desarrollo, son precisos dos cuerpos, el principal (estrella o Sol) y los secundarios (los planetas), que son siempre los que desarrollan los giros o movimientos de rotación.
Si queremos ver cómo se produce el movimiento de rotación, podemos coger dos imanes, que, por su naturaleza, desarrollan ondas electromagnéticas parecidas a las que desarrolla un campo de gravedad, pero millones de veces más débil. Ahora bien, cuando se enfrentan los dos imanes entre sí, comprobamos que, si movemos uno con la mano, a una distancia adecuada, también lo hará el otro en dirección opuesta. Así los planetas se comportan frente a las estrellas como gigantescos imanes en el espacio.
Esto no quiere decir que las ondas que desarrollan los imanes sean iguales que las que producen los campos de gravedad, pero sí son las únicas y más parecidas que tenemos a mano para demostrar este movimiento. Los imanes naturales, la magnetita, conserva en su interior la huella de la gravedad, a la que una vez estuvo expuesta. Por este motivo su comportamiento es parecido al que desarrolla la gravedad.
Entre las ondas electromagnéticas que intervienen en el movimiento de rotación se produce un efecto repulsivo que es constante y proporcional a la intensidad gravitatoria de cada uno de los cuerpos o planetas que giran, desarrollando el movimiento de rotación (día de la Tierra). De esta forma, podemos explicar que el movimiento de rotación de Mercurio sea más lento que el movimiento de rotación de Júpiter (el primero da una vuelta sobre su eje cada 58,6 días a una distancia de 58 millones de Km del Sol, mientras que el segundo lo hace solamente en 9,8 horas y a una distancia de 780 millones de Km del mismo astro, que es lo que tarda Júpiter en dar una vuelta sobre su eje). Todo esto sin comparar el diámetro de Júpiter con el diámetro de Mercurio, (Júpiter 142.000 Km y Mercurio 4.840 Km), ya que los cuerpos más grandes deberían tardar más tiempo en pasar por un mismo punto de su ecuador que los cuerpos más pequeños. Esto es debido a que el campo de gravedad de Júpiter es más intenso que el campo de gravedad de Mercurio. Creemos que debido a esto Júpiter desarrolla mayor velocidad.
Figura 20 - 3
En
esta figura 20-3 mostramos en conjunto cómo es una magnetosfera
aunque inmensamente más pequeña que la heliomagnetosfera del Sol. Estas
son las que forman los campos de gravedad.
Para ver en realidad cómo es esta zona, los planetas con sus satélites
irían alojados en su interior. Conforme
da vueltas la zona de la heliomagnetosfera, dan vueltas los planetas con su
magnetosfera y demás cuerpos que se encuentren dentro de su campo de gravedad
(satélites), desarrollándose así los períodos de traslación alrededor del
Sol, que forma foco de gravedad de todo el sistema.
Conclusiones:
1ª Que el movimiento de rotación de todos los cuerpos no es eterno, sino que disminuye a través de los largos periodos de tiempo (eras geológicas y geo-estelares), decreciendo la velocidad de giro de cada planeta hasta que el cuerpo se detiene de forma irreversible.
2ª Que los movimientos de rotación, se desarrollan por el enfrentamiento de las ondas electromagnéticas de la misma polaridad.
3ª Que la inercia es irrelevante en lo que concierne a la mecánica de este movimiento.
Experimento de la Rotación de la Tierra
Para demostrar que el movimiento de rotación de los planetas se produce como se ha descrito en la anterior teoría, hemos construido una maqueta con dos esferas de distinto tamaño que representan a la Tierra y al Sol respectivamente, para dar fe de como se produce el movimiento de rotación entre dos cuerpos que tienen gravedad.
El enfrentamiento
entre dos imanes hace que, por una
cara o polaridad, se produzca una fuerza de atracción, mientras que cambiando
la cara o polaridad de uno de esos imanes, se producirá el efecto contrario,
una repulsión constante que es la que hace que el cuerpo secundario (planeta)
gire.
Este hecho mostraba que el
funcionamiento entre dos imanes era idéntico
a lo que en realidad desarrollan los planetas frente al Sol mediante la
fuerza de gravedad. La fuerza que
la magnetita tiene grabada en su
interior es la huella de la
intensidad gravitatoria del cuerpo donde se ha generado esta clase de
masa, es una copia de la naturaleza de la gravedad.
Si estudiamos solamente un imán, no podemos extraer de él gran información, excepto que puede atraer objetos ferromagnéticos de diverso tipo; pero si a ese imán lo estudiamos con una brújula y con otro imán, entonces podemos saber que cada imán tiene dos polos magnéticos: por un lado, la aguja señala el norte, mientras que por la parte opuesta señala el sur. Cada polo es de distinta polaridad, cada uno es de distinta naturaleza. Además podemos ver que, por un lado, los imanes se atraen y por la parte opuesta se repelen. Esto demuestra las propiedades de la gravedad en la piedra imán, esta piedra refleja la fuerza que se ha grabado en su interior.
PRIMER ENSAYO:
En este primer ensayo, las esferas ya
montadas que mostramos en el siguiente esquema o figura, ilustran cómo se
produce el movimiento de rotación. En este primer ensayo conseguimos una
distancia máxima de 12 centímetros de
separación entre las esferas; en
ellas se logró un pequeño giro, cuando girábamos con la mano al hipotético
Sol, no logrando que la otra bola diera
la vuelta completa.
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Figura 20-4
La Teoría, según lo experimentado en la
demostración, era correcta. Las esferas debían hacerse más perfectas y
colocar en su interior como núcleo dos ruedas de imán o magnetita, procurando
que una de las ruedas o imanes fuese por lo menos el doble de la oponente, para
diferenciar el hipotético Sol de la hipotética Tierra. Esta ultima generaría
más fuerza o acción repulsiva sobre la segunda bola o esfera, como podemos ver
en la siguiente figura 20 -7
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Figura 20 -5
Efectivamente, la fuerza de repulsión fue
mucho mayor aumentándose así la distancia de giro entre las dos bolas
o masa de imán, hasta una
distancia de unos 25 cm y esta vez sobre una superficie de cristal
Los imanes tenían un comportamiento muy
parecido al de la gravedad, luego la teoría de que los imanes guardaban en su
interior las huellas de esta fuerza
era evidente; sin embargo, la gravedad se comportaba como una energía
viva, mientras que los imanes lo
hacían como una fuerza muerta, pero, aún así,
eran válidos para demostrar como en verdad desarrollan los planetas el
movimiento de rotación. En verdad no tenemos a nuestro alcance ninguna otra masa que pueda mostrar las propiedades y la naturaleza de la gravedad.
Para aumentar la distancia entre las
esferas, conservando la eficacia del experimento,
sólo había que poner más masa en la esfera que hacía las veces del
Sol, es decir que el imán debía ser 30
ó 40 veces más grande que el que representaba la Tierra. Otra cosa que debíamos
de corregir era el excesivo roce a fin de minimizar los efectos de la fuerza de gravedad de
nuestro planeta; por lo tanto, el
punto sobre el que debía apoyarse el eje debía ser reducido al máximo.
Después de todo esto ya sabíamos lo que
teníamos que hacer para aumentar la distancia entre las esferas y hacer que
estas siguieran girando de forma parecida a como lo hacen los planetas del
sistema solar. De esta forma aumentamos la masa del hipotético Sol y de la
hipotética Tierra. Cuando aumentamos estas masas comprobamos que la relación
de intensidad entre los imanes y las distancias de los cuerpos eran
proporcionales, no había duda: las
huellas de la gravedad de nuestro planeta estaban impresas en la magnetita. En
el siguiente esquema podemos ver como los imanes desarrollan flujos de
ondas magnéticas que, cuando se
enfrentan a cierta distancia, se
repelen o se atraen de forma parecida a como lo hace la gravedad, figura 20 -6
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Figura 20 - 6
No había duda, el movimiento de rotación
de los planetas se producía así. Los experimentos demostraban que la Teoría
era correcta.
Luego la gravedad no era sólo una fuerza,
sino dos fuerzas en una: a corta distancia la gravedad produce la fuerza de
atracción, mientras que en la zona exterior de los campos de gravedad se
desarrolla una fuerza de repulsión.
Esto aclaraba por qué desde la superficie
de los planetas no podíamos percibir más que los efectos de la fuerza de
atracción; pero no sólo esto,
pues la huella de la gravedad nos
estaba revelando algunas otras cualidades de esta fuerza. Si seguíamos
aumentando la masa del Sol, añadiendo
más magnetita, se podía aumentar
la distancia del experimento, como mostramos en la siguiente figura - 20 - 7
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Figura
20 -7
Estos prototipos se pueden hacer mucho
más grandes y perfectos (haciendo que los cuerpos sean esféricos y estén en mejor equilibrio), de tal modo
que los efectos que les son
propios se hagan reales y efectivos a una
distancia de 2 ó 3 metros. Con mejores medios de los que ahora dispongo,
se puede hacer un prototipo, de
30 o 40 metros o incluso mucho mayor, que
muestre el movimiento de rotación Tierra–Sol. A través de esta teoría, según
considero, se explica cómo en
realidad se produce el movimiento de rotación de
la Tierra y exactamente igual cómo se mueven todos los planetas del
sistema solar o de otros sistemas estelares. Esta mecánica es la misma para
todos los cuerpos que generan gravedad. No obstante, este experimento ha de ser
montado y ejecutado lejos de las
casas o centros habitados, a consecuencia del
poderoso campo magnético que generan las masas magnéticas de este
volumen.
Yo he construido varias de estas
esferas magnéticas, de forma similar a las que una vez
construyera William Gilbert (aunque me aventuré a construirlas sin
conocer este precedente) para demostrar el movimiento de rotación de los
planetas y para demostrar la buena lógica de la teoría en cuestión. Su
relevancia es meramente probatoria.
Figura 20 - 8
En
esta figura se representa una maqueta con dos esferas, como si fuesen la Tierra
y el Sol (figura 20 – 8), en la cual se ha conseguido, separadas una
esfera de otra por una distancia de
unos 56 cm y girando el Sol como se indica en la figura 20 – 9, reproducir una
réplica del movimiento de rotación de la Tierra.
Figura
20 –9
Así pudimos convencernos de que el
movimiento de los planetas se producía por medio de ondas electromagnéticas
del mismo signo; luego si la
magnetita de la Tierra es la huella de la gravedad y esta masa tiene dos polos
cada uno de diferente signo y naturaleza, ésta producía, en sus
manifestaciones, efectos y propiedades semejantes a las de la electricidad,
y de esto pude deducir que
la electricidad, el magnetismo y la gravedad eran tres facetas de una misma
energía, por lo que todos ellos desarrollan siempre
los mismos efectos de atracción y de repulsión; la fuerza de atracción
es la gravedad que hace que toda masa se precipite sobre cada cuerpo que
desarrolla esta fuerza, mientras que la fuerza de repulsión es la antigravedad
que hace que las masas y los cuerpos que generan esta otra fuerza permanezcan en
suspensión o manifiesten una repulsión constante sobre otras masas de la misma
polaridad o naturaleza.
DIFERENCIA ENTRE UN CAMPO MAGNÉTICO Y UN CAMPO DE GRAVEDAD
Veamos la diferencia y al mismo tiempo la
relación que existe entre un campo magnético y un campo de gravedad,
energía que en realidad forman parte de la misma fuerza. La Tierra no tendría
campo magnético sí ésta no desarrollara campo de gravedad; así,
magnetismo y gravedad forman parte de la misma fuerza u onda, pero cada
una desarrolla distinto efecto.
Las ondas que forman los campos magnéticos
tienen solamente una polaridad, es
decir, cada polo está compuesto de un sólo signo magnético y se sitúa éste
en la parte opuesta al otro polo, mientras que la gravedad
es una fuerza que está
compuesta por ondas de doble polaridad; éstas van de polo a polo como
podemos ver en la figura 20 –3, esquema que define un campo de gravedad,
y como podemos ver en el siguiente esquema 20 –10, donde mostramos la
diferencia y relación que existe entre un campo magnético y un campo de
gravedad.
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Figura 20 –10
Así cuando medimos el campo magnético
de la Tierra, estamos midiendo parte del campo de gravedad de nuestro planeta.
Estas fuerzas que parecen ser diferentes, están
relacionadas entre sí como si fuesen dos
caras de la misma moneda o dos efectos distintos de la misma fuerza.
Esto es debido a que conocemos el magnetismo como una fuerza distinta de
la gravedad; por haberla encontrado separada de ésta, no la relacionamos con
ella. Las ondas magnéticas forman parte inseparable de la fuerza de gravedad y
se graba en el interior de la magnetita como magnetismo;
De
esta forma podemos comprender que cuando la polaridad es sencilla, es magnetismo
o fuerza electromagnética, mientras que cuando es doble, es fuerza de gravedad.
Por este motivo la Tierra y todos los planetas que desarrollan gravedad se
comportan como cuerpos magnéticos, afirmación que ya hizo William Gilbet en el
1.600. En el siguiente esquema 20 -11 tenemos una perspectiva superior de
cómo los planetas giran por la
repulsión que producen sus ondas
electromagnéticas de doble polaridad o, lo que es igual, sus ondas de gravedad
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